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Uamera, chilanga, hostil, emocionalmente inestable (ay, ni tanto...), buscadora de ilusiones, cursi a veces... ¿cuáles veces?
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domingo, noviembre 01, 2009

¿qué es peor?

un tipo vende chocolates de cierta marca importante en el metro, gritando a voz en cuello "chocolates 5 pesos, chocolates recién robados ayer en la noche!!!"

1. que nos hagamos pendejos y finjamos que simplemente en el metro están más baratos por alguna razón divina
2. que las compañías capitalistas nos bajen nuestros pesos a lo bestia sin poder oponer ninguna resistencia
3. que me quede con ganas del maldito chocolate por saber que es chocolate robado

domingo, octubre 18, 2009

"compatencia"

y empieza ahora
jajaja no es cierto, qué hueva!

miércoles, septiembre 09, 2009

dos caguamas con clamato

con el Ñañel y la carnala y la Sanguinaria
y luego con la Maldita y la Tremenda y los Pericos y para cerrar a Peter Murphy y Love you to death (cerrar porque Ñ se fue a su casa a cuadra y media y las nenas se quedaron dormidas y a mí apenas me está haciendo efecto el café que bebí ayer a mediodía).
pero sigo escuchando música pensando cosas de mi "relación amorosa". pocas cosas aunque extrañas. y leyendo un comentario de Alien y de pronto sintiendo mucho cariño por la gente, no en general sino en particular.
creo que en estos momentos, por más raro que parezca, estoy feliz. y no por estar con alguien que hace mi vida más ligera y divertida. sino por el cine y la lectura y las actividades en general. tal vez es sólo que me encanta bailar y disfruto cuando carnalita me hace segunda y pasamos horas en el reguetonazo y brincoteando de todo: electrónica, duranguense, cumbia y merengue y lo que haya para "bailar".
tal vez es que sé que pase lo que pase estaré bien. aunque el jueves me inscriba y me toque con teodoro y sin navarro y mi pandita. y con la gente que ya conozco y me desagrada.
sensación bastante extraña y al mismo tiempo familiar, por más contradictorio y estúpido que parezca a primera vista. la última vez que me sentí así tenía como 12 años. y es genial. y no le escribo esto a nadie, más que a mí, por primera vez en años. y eso me hace aún más feliz.
y es genial recordar que para una fiesta se necesita sólo el ánimo de echar desmadre y unas buenas rolas clásicas, y las tres almas bailoteantes de esta noche rifaron como nunca, como siempre.

jueves, septiembre 03, 2009

Carlos y yo, para variar, enojados. Rompí sin querer sus lentes y le compré unos de esos de juguete para “disfrazarse”, con nariz, cejas, bigote, etc., falsos. Entonces llegó alguien, creo que Arturo M o un personaje similar y Carlos quiso enseñarle sus nuevos lentes. Me los pidió y subí por ellos. Pero tuve que salir a un balcón o algo similar para poder alcanzarlos, estaban colgados en una especie de hamaca. Al tomarlos y observar la barbilla, dividida en dos partes que se separaban, pensé, “esto realmente se parece a la cara de Carlos, ahora podré disfrazarme de él”. Al bajar, ya no estaba el amigo de Ira sino Martín y Linda. Ella traía en una bolsa cosas para vender, como libretitas y curiosidades. Ivy y yo revisamos por si había algo de interés. Al sacar algún objeto vi una araña y grité mucho mientras la pisaba. Luego me quedé paralizada tapando mi cara. Martín, Linda y tú (aparecido de pronto) me veían sin saber qué ocurría. Ivy explicó la araña. Yo reía enloquecidamente, aún con la cara cubierta. Luego caí sobre ti (suavemente), que estabas sentado en el sillón, para que me abrazaras y me consolaras. Lloraba.



Es navidad. Hay fiesta en la casa. Los invitados, familia y amigos: primas Marisol y Abril con su madre; José Luis y Galo; Aurelia con hijas y nietas. Tú estabas ahí también, queriendo ayudar. Más ayuda el que poco estorba, te dije, éramos demasiados en la cocina: dejaste de insistir y te sentaste a “disfrutar la cena”.
Tenías sueño y estabas hasta la madre de cansancio y aburrimiento pero yo no podía dormir aún, no podía dejar a la familia con los invitados y ya no ayudarles. No querías irte sin mí, así que te sentaste a esperar en las escaleras, pero te quedaste dormido.
Cuando ya nadie aguantaba el aburrimiento decidí sacar la baraja. De pronto estaba Galo, mi primo. Los sobrinos jugaríamos, con los tíos Jochilís y tal vez Galo. Yo no pude jugar porque tenía que seguir ayudando (no sé a qué pero supongo que a recoger platos y el desmadrito que los invitados habían creado).
Eréndira era diminuta y delgada, como una miniatura de su hermana, y comía un pan que se desmoronaba a cada mordida. Comenzó a llorar porque le cayeron migajas dentro del vestido, yo la tomé en mis brazos para revisarla y ayudarla. Entonces comenzó a gritar, sin escuchar lo que su madre y yo le decíamos. Gritó y gritó, cada vez más fuerte, hasta que copas y vasos comenzaron a romperse. Los presentes la miraban, mientras intentaban taparse los oídos. Tú no soportaste el ruido y saliste al jardín. Salí contigo. Entonces vi cómo se abría la puerta de entrada y salían dos figuras pequeñitas. Salí corriendo tras ellas gritando que no se fueran, que era peligroso salir sin supervisión de un adulto. En la calle había un grupo de niños que quemaban luces de bengala. Por fin alcancé a la más pequeña y la tomé de la mano, consiguiendo que la otra niña del demonio se detuviera y se acercara a mí. Eran las nietas de Aurelia. Las convencí de volver a casa. Entonces un niño pequeño nos lanzó una bengala y yo le grité que no lo volviera a hacer, que no era agradable que te aventaran cosas y menos si estaban prendidas.
Los niños nos siguieron hasta la casa y entraron a la fuerza sin que pudiera evitarlo, eran demasiados. Colocaban en todo el jardín pequeños aparatos explosivos. Pedí ayuda a gritos y los que estaban dentro de la casa se movilizaron. Pensé que en cualquier momento habría explosiones y alguien podía salir herido, me arrepentí de hacerlos salir al peligro. Los niños atacantes, asustados, huyeron. Tomé una de las cosas esas explosivas, que habían dejado encendida, y la arrojé hacia ellos. Cerré la puerta y no alcancé a pensar lo que había hecho cuando escuchamos la explosión.
Entonces desperté horrorizada.

martes, agosto 04, 2009

auto-aviso

bueno en realidad una recomendación

cuando me da el ansia lo mejor es moverme, cambiar de actividad, cambiar de escenario

si me da el ansia favor de salvarme de mí misma

lunes, agosto 03, 2009

globito

cuando era chiquita soñaba que era un globito y me elevaba por los aires
es uno de esos recuerdos ajenos, platicados, pues

estos días soñé que me salía del hogar con algo que tenía que devolver pronto muy pronto
angustiada estuve todo el sueño y además algo como una pequeña ciudad se inundaba

angustiada estuve todo el día y algo como una relación se ahoga sin que yo pueda hacer nada

creo que tengo sueños premonitorios

viernes, julio 31, 2009

Tal vez sí, tal vez soy tema principal de la agenda (para ti).

Pero aunque sea así, no es del todo como me lo imagino.

A eso me refiero cuando escribo que tengo problemas porque la gente no piensa como yo.

Por basarme en los hechos y no en otras cosas.

Porque me caga extrañarte y todo el trimestre hice lo posible por no pensar en las vacaciones y en que tenía que ir allá y alejarme de ti y pensar que podías ir conmigo y luego la posibilidad de que tú salieras con tu familia fue lo que rompió totalmente el hilo de todo.

Por eso escribí lo de las vacaciones, porque para mí incluirte es mucho más fácil siempre.

Porque siempre lo ha sido.

Y porque ahora decidí incluirte a ti porque te lo has ganado.

Pero no me incluyes del mismo modo y no tienes que hacerlo y tampoco tienes que saber que no tienen que ser así las cosas o tal vez yo tendría que agarrar la onda y pensar que si no lo haces es por algo.

Pero eres hombre, y eres libra (ya sabes que esto lo digo MEDIO en broma).

Y tal vez no se te ocurre que no tiene que ser así y que hay alternativas.

Pero tal vez no.

Y dije que no daría explicaciones al post anterior pero las mariposas y la sonrisa al leer y el ceño fruncido al reflexionar me obligan.

Y yo sé que son muchas las vacaciones y que no estarás lejos siempre, pero yo no quiero extrañarte ni un día.

Ni un día más, quiero decir.

Porque cada día que no te veo se le hace una grietita a mi corazoncito (ñimi ñimi), y no estoy dispuesta a hacerlo más. Nopi. Ni un día más.

Te quiero, eso no lo dudes, y aquí voy a estar. Tal vez no eternamente pero sí un rato.

Y si mañana o el lunes y el resto de los días de este trimestre me ves rara, pues te aguantas, porque no te quiero extrañar estas vacaciones y para eso tengo que alejarme un poco de ti.

Y si no te parece pues tejones porque no hay liebres porque no pienso cambiar de opinión.

Y no fue la hoja no pagada el tema de mi post. Por cierto. Eso fue lo de menos.

Porque no quiero que seas mi tema principal en la agenda.

Porque también lo eres y no es justo.

Porque ya he extrañado lo suficiente y aprendí que no me lleva a ningún lugar. Porque simplemente no quiero extrañarte, aunque un día dije que era sano, hoy me desdigo: ya lo pensé mejor, y la neta no y no quiero hacerlo, y sé que algunas veces no me salvaré de hacerlo. Pero ahora que puedo decir ya basta y bloquear el extrañamiento, lo haré.

Y no espero que lo entiendas ni que hagas lo mismo. De hecho ni sé para qué escribo esto, pa que lo leas nel, porque preferiría que no lo hicieras. Pero lo harás y tal vez las cosas sean nefastas.

Pero te quiero. Y tengo sueño. Y quisiera que estuvieras aquí para abrazarme y contarme un cuento mientras me quedo dormida. Y eso lo quiero todos los días y todas las noches.

Porque además revuelves mis pensamientos (ya de por sí) erráticos y olvido lo que venía pensando en el camino a casa, que además quedaba perfecto para el título del post.

miércoles, julio 29, 2009

"rosca"

SÓLO YO SÉ LO IMPORTANTE QUE ERES PARA MÍ (para bien o para mal)

me gusta la palabra rosca y sus derivados
como enroscar
así que si hay alguna duda y se piden explicaciones o argumentos, yo sencillamente aplicaré el verbo antes mencionado. ésta no soy yo y lo que escribí no tiene nada que ver contigo.




ah pues el otro día me anduve desmintiendo. con hechos, además.
resulta que siempre sí soy rencorosa. creo que yo era la única que pensaba lo contrario.
desde que era chiquita, como cuando mi ma me encargó con mi abue por unos días no sé por qué, y cuando volvió abrió los brazos para recibirme, yo pasé de largo sin pelarla, así soy, qué le vamos a hacer.
me pregunto qué otras cosas seré. aparte de celosa, por cierto.
y lo que me pesa es la carga sentimental que llevo a todos lados, en todas mis relaciones, nuevas, pasadas y presentes. y pues supongo que tampoco de eso tengo la culpa. no me gusta, eso sí.
pero ps ps ps ps... ps no sé, "Ya nos veremos. Te quiero".
pues sí, ya nos veremos, supongo que en la uamistad, o tal vez no. no lo sé, no pienso mucho en el asunto. no tengo mucho que decirte, no quiero decirte nada. tal vez sí hay que hablar pero no quiero hacerlo. así que tal vez cuando nos veamos no nos digamos nada. porque tampoco quiero escuchar. te quiero mucho, ya lo sabes, pero las cosas son como son y la ofendida soy yo, nadie más.
y la rencorosa soy yo. (este tema viene a colación porque encontré un escritín en la libreta de san ildefonso, de cuando esperaba y esperaba en el metro y nadie llegaba)




yo pensé que cuando volviera a mi tierra encontraría la felicidad. lo único que encontré fue que la gente es igual y a veces hasta peor.
y lo más más más pior es que aprendí a no cumplir mis promesas sin remordimientos y a justificarme por mis pendejadas.
creo que me rompí.





hoy estoy enojada, también frustrada.
yo no tengo la culpa de que las cosas siempre sean de un modo y de pronto cambien y yo me sorprenda y me enoje por la inconveniencia de ciertos asuntos.
y pues sí, yo quiero lo que quiero y cuando no me lo dan me aburro y me harto y el paso a seguir es tener tantita paciencia y ver si al menos existe la intención de dármelo y si veo que no pues entonces al diablo pero si veo que sí pues ahí me quedo un ratito y si de todos modos se empiezan a tardar pues entonces sí me desafano aunque después quieran darme lo que quería yo al principio. de esto hay casos documentados. y lo lamentable es que no me dan lo que quiero. y ni que fuera tan difícil... "¡no te cuesta nada ser perfecto!" (frase de la carnala).

y pues esto me gano por andarme metiendo en asuntos sin pensarlo o evaluar bien la situación general. porque no nada más estoy enojada. me siento excluída y hasta poco importante (sólo en el ámbito aquí tratado). así que sí, otra vez tengo el mismo problema de no agarrar la onda cuando la gente no es como yo. la verdad me siento timada, porque yo pensé las cosas con base en los hechos. y pues resulta que siempre no, que nomás durante las clases, o durante el trimestre, o yo qué sé.

que los hechos eran los hechos pero no eran la verdad verdadera, sino la verdad momentánea. y cuando digo no me he hartado, lo digo en serio. y cuando recibo el yo tampoco, me lo creo (porque te creo todo, y no te creo nada, porque así soy). pero y luego qué, las actitudes de hartazgo qué, qué significan. ¿no significan nada? ¿acaso estoy alucinando y no hay tales?

por otro lado, no hay que tomar muy en serio nada nunca, la vida no es nada seria. tal vez esto es sólo una señal de que tal vez esto no es lo que parece, o sí, o de que es lo mismo de siempre. y surge la duda, ¿cómo interpretar las señales, hay manuales para esto?

sólo sé que hay confusión y cansancio y frustración y descontento. y como postié antes, hay cosas que no se dicen.

las escribo, pues, porque no puedo evitarlo. aunque sé que las pocas personas que lo leerán, no lo entenderán, o tal vez sí, y algunas preguntarán, o tal vez no, y a otras no les importará.

y a mí realmente me importa un camote si lo leen o lo entienden o cualquier cosa.

hoy, otra vez, no me importa.

conclusión: tomaré con mucha calma estas vacaciones y haré todo lo que pensaba hacer. con o sin compañía. ambas opciones tienen sus ventajas y su propio encanto. aunque creo que lo que ocurra será lo mejor (me niego a escribir la neta del planeta por temor, así es, a perder algo que tal vez ni tengo. qué gracioso). meaning: sin extrañar nada ni a nadie en caso de alguna ausencia. porque todos sabemos cómo me repatea eso de extrañar. con calmita se puede todo.

y (como dicen los Niños Mutantes) "no llorar... intentaré reir, beberme las lágrimas" (en un cover que me encanta de Boys don't cry, de The Cure, que siento que no le hace mucha justicia a la rola original, pero de cualquier modo me-ma-ta).

lunes, julio 27, 2009

hay cosas que no se dicen

nota encontrada en la libreta de notas de San Ildefonso, sin fecha (aunque sabemos que era viernes y fue escrita en el viaje de regreso a casa, en las primeras -pero no la primera- semanas del trimestre en curso. las notas entre paréntesis, salvo el nombre de la rola y el 'persiste', no pertenecen a la nota original):

'y empezó la rola (Dreamworld, de Rilo Kiley) y pensé en irle pasando las rolas que me gustan con un "a ver, ¡máscate esta, wey!". luego me pareció bastante vulgar mi expresión y al mismo tiempo divertido (reí).

el pesero... (olía a algo que no puedo recordar. la nota dice algo como "mlillín Pepín", no sé a qué me referiría, fue hace tantas semanas que no lo recuerdo, eso y otros factores ¡!)... Y yo siento olor a baba. a saliva, como decía alguien. ALGUIEN. guácala.

Just breath.

Another "happy day". Las comillas son porque sigo leyendo de cosas como represión a periodistas. En cualquiera de sus formas.

Da miedo. Aunque (Pandita) me haga sonreír como pendeja todo el día. Da miedo.

Don't look back

Seguir con la tradición de las hamburguesas

Y la sonrisa persste (persiste). Me intimidas y no te lo diré. Me intimida tu experiencia en ciertos asuntos (laborales, por supuesto, sobre todo en nuestra área de medios de comunicación, y ejercicio "escribitivo") en los que yo soy, a grandes rasgos, NULA.

Tal vez es eso lo que me gusta más de ti (tal vez eres como Miyazaki, la película que veo es la que más me gusta). Lo que más me asusta de ti. Lo que me hace tener tanta precaución. Y no todo lo que he aprendido y vivido antes, como me digo.

Lamento poner tantas barreras ante una persona como tú. Tal vez no las mereces.

PORTER es la neta.

Hay cosas que no se dicen. Como que hoy estabas más pedo que yo y lo noté.

Como que ese wey era un pendejo y lo sigue siendo.'

¡que a veces sí soy cursi!

Unos bonitos versitos cursilones de la revista Actual, de un poema que se llama "Recuerdos del pensamiento".

Si me preguntas qué busco
te diré con toda el alma,
voy buscando en tu mirada
la luz que alumbre el camino
para andar cada mañana.
...
Es tu risa aquella espada que victoriosa sonríe
al vencer aquella pena que nos deja cada día.
...
¿Dónde estás que no te veo?
¿dónde quieres que te busque?
sólo recuerdos dejaste
el día que tú te fuiste.


Pedro Gil Cutillas

domingo, julio 26, 2009

triste (con final tipo "y ya")

No supo qué hacer, no podía moverse. Se quedó parado ahí, en la entrada del motel, hasta que comenzó a llover. La lluvia lo puso infinitamente triste pero por alguna razón también le dio fuerzas para alejarse del lugar y llegar a su casa. Se acostó en la cama, dejó que su perro subiera y se echara junto a él, lo abrazó y lloró toda la noche, hasta que se quedó sin lágrimas y por el cansancio se cayó dormido.

Al día siguiente desayunó y se bañó. Se puso unos pantalones de mezclilla gastados y una camiseta negra y miró en el espejo sus ojos hinchados por el llanto de la noche anterior. Decidió dejar de pensar en ella, seguir con su vida sin recordarla, hacer como si nada hubiera pasado. No era posible que después de sólo una noche se instalara como si nada en su cabeza. Tomó las llaves de su auto y salió.

Llegó a la universidad y dio su conferencia. Cuando terminó lo ovacionaron de pie, durante varios minutos. Se sintió menos triste al darse cuenta de que estos chicos de universidad pública sí lo escuchaban y hasta lo apreciaban.

Salió de la sala y saludó de mano a varios estudiantes que alabaron su obra y emocionados le pedían autógrafos. Firmó libros y recibió los teléfonos de varias jovencitas atrevidas que le dirigían miradas coquetas. Pero él seguía triste, pensando en ella.

De pronto lo decidió. Como pudo se desafanó de la situación y corrió a su auto. Manejó hasta la calle donde estaba el bar, pero estaba cerrado. Era demasiado temprano. Al lado del bar vio una cocina económica, y entró para tomar algo. Sin pensarlo pidió unas enchiladas y preguntó a qué hora abrían el bar. –Uy, no, joven. Nomás lo abren los miércoles y los viernes-.

-Maldita sea –dijo en voz muy alta, para su propia sorpresa. Era jueves. Resignado, comió con gusto las enchiladas, bastante picosas, y se fue a su casa. Llegó y se acostó, pero no pudo dormir, estaba demasiado ansioso. De pronto sonó el teléfono. No podía ser ella, pero contestó deseando que así fuera. Se disculpó con su editor, al que había dejado plantado, inventando que había tenido un pequeño accidente. La verdad por pensar en ella no se había acordado siquiera de sus compromisos. No le importó, siguió acostado ahí mirando la ventana que tenía enfrente, recordando a la mujer que había conocido el día anterior.

En la madrugada se quedó dormido sin darse cuenta. Cuando despertó recordó que el mesero no respondió a qué hora abrían. Se dio una ducha express y antes de salir despavorido llenó los platones del perro con agua y croquetas.

Cuando llegó, el bar ya estaba abierto. Entró. Un tipo que parecía un ropero barría y bajaba las sillas de las mesas. Ella no estaba, de hecho, era el primero en entrar. Se sentó en una de las mesas desde donde se podía ver la barra, por si llegaba.

Y así fue: un par de horas después, cruzó la entrada. Intercambió algunas palabras con el tipo que antes barría, y se dirigió a la barra, para sentarse en el mismo lugar en que la vio por primera vez.

Se acercó con cautela, sin que ella se diera cuenta. Se sentó a su lado y pidió una cerveza. No tuvo el valor de hablarle. Se quedó ahí, triste, mirándola por el reflejo del espejo que tenían delante, pensando en algo inteligente qué decirle. Ella, con la mirada perdida en el vaso, igual que antes, dijo: -¿No recuerdas lo que dije? –y con tono tenso, aún sin mirarlo, frunciendo el ceño, agregó: -¡Te pedí que no vinieras! ¿Qué chingados quieres?

-Lo siento, no pude evitarlo… es que… no puedo dejar de pensar en ti…

-No chingues, pero si me conociste el miércoles. Apenas es viernes y ya resulta que no puedes vivir sin mi tristeza. Carajo, pinches hombres. ¿Qué quieres? ¿Ir al motel? Porque la neta no tengo ganas de coger hoy, búscate otra, aunque no esté tan triste, aquí hay un chingo. Además no estás tan feo como para no conseguir algo decente.

-Chale… no es eso… yo… no es que no pueda vivir sin ti, yo no dije eso. -Con más seguridad, siguió: -No, definitivamente no es eso. Claro que puedo vivir sin ti. Sólo no quiero hacerlo. Quiero saber tu nombre, conocerte, saber tu color favorito, la música que escuchas, de dónde vienes, a dónde vas, por qué eres así… ¿Qué te ocurre? ¿Alguien te lastimó?

-Qué te importa, déjame en paz.

-No, en serio, no me voy a ir sin ti. Esto es real. Habla conmigo, soy una persona de fiar.

Ella rió tan estrepitosamente que los voltearon a ver: -De fiar, sí cómo no, no seas ridículo. No me vas a hacer pendeja. Seguro con esa lengua engañas a muchas mujeres, pero a mí no. Además, aunque te creyera, luego no sabrías qué hacer conmigo.

-Eso no lo puedes saber. Yo sé que tal vez si nos conocemos nos daremos cuenta de que no somos lo que esperamos. Pero quiero averiguarlo. Quiero saber, quiero…

-¿Qué, qué quieres? A ver, cámara, me voy contigo. –dijo mientras se levantaba. -¿A dónde?

Él, sin dudarlo, se levantó de la silla, la tomó del brazo y la condujo a la salida. El hombre grande como ropero los interceptó. – ¿A dónde, Chabela?

-No te preocupes, Poncho, voy a dar una vuelta, seguro que en un rato regreso.

-Cámara, cualquier cosa me llamas. Y tú, cabrón, más te vale que la cuides, o te las verás conmigo, y con unos cuates, además.

Emiliano miró y escuchó todo como si no estuviera ahí. Tenía miedo. ¿En qué se estaría metiendo?

La condujo al auto y la llevó a su casa. Entraron y los recibió ladrando el perro.

-Cállate, pinche Lino, ella es Isabel, no le ladres.

Isabel reía, divertida con el perro inmenso que no dejaba de gruñirle cuando no ladraba. –Pasa, siéntate. ¿Quieres una copa?

-No, gracias, mejor agua. ¿Cuál es tu plan? ¿Qué vamos a hacer?

-La verdad no lo sé. Es temprano, ¿quieres salir?... ¿Quieres ir al cine?... O… ¿por un café?... ¿A bailar?... ¿Qué te gusta?... ¿Qué haces los viernes?... ¿Qué quieres hacer?

-Los viernes voy al bar. Ahí me quedo hasta que Poncho me da un aventón a mi casa. No está tan lejos, por si me harto de ti, o de tu perro. Pero pues… no sé, podemos quedarnos aquí, la verdad no tengo ganas de estar en ningún sitio ni hacer absolutamente nada. ¿Puedo acostarme en tu cama?

-Claro, ¿necesitas algo? ¿Quieres que te preste algo más cómodo para estar acostada? ¿Una playera o algo?

Ella asintió. Emiliano se levantó para llevarla a la habitación, indicándole en el camino dónde estaba todo lo demás. Le dio una camiseta negra de monstruitos, con letras grandes que decían: Iron Maiden. –¿Te gusta el metal? –preguntó ella. Sonrió, -a mí también.

-¿Me puedo acostar contigo?

-Claro, es tu casa, y estoy en ella. Puedes hacer absolutamente lo que quieras conmigo. Aunque preferiría que sólo me abrazaras.

Se quedaron acostados el resto de la tarde, callados, mirándose de vez en cuando; al anochecer durmieron, y al día siguiente, cuando Emiliano despertó, ella ya no estaba.

La buscó por toda la casa, salió y gritó su nombre. Miró aterrado el garaje vacío. Había robado su auto y se había largado. Pero no podía pensar mal de ella. No podía insultarla. Sólo se puso otra vez muy triste. Entró a la casa y se recostó en el sillón; Lino se acercó y le lamió la cara, mojada y salada; unos segundos después corrió como poseído hacia la puerta y comenzó a ladrar frenéticamente.

Escucharon el ruido de un auto estacionándose y Emiliano temió lo peor, que los amigos de Isabel vinieran a madreárselo. Pero no. Era ella, con una maleta. –Perdón, estabas tan dormido que no quise despertarte. Pero necesitaba unas cosas de mi casa. Ahora sí soy toda tuya. Me voy a quedar aquí hasta que te hartes de mí y me corras.

La abrazó y siguió llorando. Isabel no supo qué hacer al principio. Sonrió, lo abrazó y lo besó y le secó las lágrimas. Lentamente le quitó la ropa y lo condujo a la habitación, donde también se desnudó. Emiliano seguía llorando. Ella, desconcertada, se acostó sobre él y comenzó a llorar y a hablar. Habló hasta que se quedó afónica, contándole todo su pasado.

Llorando los dos se abrazaron y se quedaron dormidos. Y vivieron tristes y juntos para siempre. Hasta que Emiliano se murió y ella se tuvo que quedar con el perro.

Triste (primera parte)

Estaba tan triste...

Era eso, en buena medida, la razón por la que Emiliano la amaba tanto.

La conoció en un bar. Ella tomaba una copa, sola, en la barra. Cabizbaja, con la mirada perdida en el vaso. Desde el momento en que la vio así, sin saber por qué, quiso cogérsela. La deseó tanto que hizo esfuerzos sobrehumanos para sacarle un poco de conversación, y pagó toda la noche lo poco que bebía. Porque ella estaba ahí, triste, todo el tiempo con un vaso o una copa en la mano, pero disfrutando cada líquido como si fuera el último, paladeando cada mililitro como si cada uno le gustara más que el anterior. Bebiendo lento. Porque estaba verdaderamente triste.

Cansada y triste se dejó convencer para abandonar el bar e ir al motel más cercano, a una cuadra de ahí. Tal vez por estar tan triste dejó que la desnudara tan rápido y sin llegar a la cama la manoseara violentamente, y hasta disfrutó cuando por fin la tiró en la cama y la penetró sin ningún preámbulo. Todo el tiempo miró el ventilador del techo de la habitación, hasta que Emiliano dejó de moverse sobre ella.

Pero entonces él cometió un error. -¿Cómo te llamas?- le preguntó sin sospechar siquiera las consecuencias.

Ella aún miraba el ventilador dar vueltas, hipnotizante. Volteó la cara y lo miró acongojada; le dijo, con el tono más dulce: -Eso no importa.

-¿Cómo no va a importar? Yo me llamo Emiliano, soy profesor de literatura.

-Si me interesara saber algo de ti lo hubiera preguntado en el bar, ¿no te parece? ¿Crees que tu sonrisita estúpida y tu conversación fluida me importan en lo más mínimo? Lo mejor que puedes hacer es largarte de aquí en este momento.

-¿Pero qué te pasa, estás loca? ¿Por qué me hablas así? ¿Hice algo mal? ¿Te ofendí de algún modo? ¿Acaso el sexo fue tan malo?

-Chingada madre, nada les parece-. Su expresión melancólica había desaparecido, sustituída ahora por cólera. Volteó hacia la orilla de la cama, suspiró y, después de meditarlo un momento, se levantó desnuda y fue hacia el baño. –Cuando salga quiero que te hayas marchado. No quiero volver a verte. Ni se te ocurra volver al bar jamás. Es MI lugar, ¿entendiste? –Sin esperar respuesta entró al baño y cerró de un portazo.

Emiliano la miró boquiabierto, congelado por su frialdad. Se levantó de la cama y se vistió lo más rápido que pudo. Tomó su saco, comprobó que su cartera seguía ahí, y salió de la habitación.